Artículo para la Revista "La Solana" 2011
Los años vividos, los que figuran en el DNI (“edad cronológica”), lo son a título meramente orientativo. Importan más los años que nos quedan por vivir (“edad biológica”) que, según investigaciones recientes (BLASCO, 2011), vienen determinados por la longitud de los telómeros de nuestros cromosomas. “Somos el tiempo que nos queda”, que decía Caballero Bonald.
Pero la edad es también un factor medible según el grado de autonomía conseguido para el manejo de situaciones de la vida diaria (“edad funcional”), de ello trata fundamentalmente la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Prevención de la Dependencia. Independientemente de todas estas edades, la sociedad tiende a encasillar a las personas en determinados roles y espacios (“edad social”) de ahí que el trabajo de educadores sociales y terapeutas ocupacionales –entre otros- consista en promover nuevos espacios y tiempos para los encuentros intergeneracionales.
La edad que más me importa, a la que doy una mayor importancia, es la “edad psicológica”: la que tiene que ver con la capacidad de adaptación a nuevas situaciones de la vida diaria y que hace posible o no relaciones exitosas. Lo fundamental de una “juventud psicológica” es saber relacionarse con personas de distintas edades y/o culturas. Y, en este sentido, hay “viejos” de veinte años como también hay jóvenes de noventa.
Mi amigo Victoriano Mucientes (Villalba de los Alcores, 1911) es un joven de cien años para quien relacionarse no le supone problema alguno. Las claves de su joven longevidad (aparte de en su envidiable autonomía personal) reside en no cerrarse a vivir nuevas experiencias: sigue practicando diariamente una moderada actividad física, tomándose vinos con los amigos, apuntándose a las excursiones y participando en todas las actividades sociales y culturales programadas en el centro en el que reside, la Residencia “Cardenal Marcelo” de la Diputación de Valladolid.
Victoriano, como otros tantos jóvenes octogenarios, nonagenarios o centenarios, practica la máxima de “poca cama, poco plato y mucha suela de zapato”. La otra clave de este éxito personal residen en el mantenimiento de habilidades sociales en cuanto capacidad para relacionarse, para salir… Leí hace algún tiempo que “aprender un idioma a partir de los cincuenta años retrasa el alzheimer”… pues, habrá que ponerse…
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
BLASCO, M. y PEREZ DIAZ, J. (2011) Envejecimiento. Madrid: Los libros de la catarata.



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